
miércoles, 25 de julio de 2007
Discurso de Nicolás Zarkozy (02 de mayo de 2007)

«El pensamiento único, que es el pensamiento de quienes lo saben todo, de quienes se creen no sólo intelectualmente sino también moralmente por encima de los demás, ese pensamiento único había denegado a la política la capacidad para expresar una voluntad. Había condenado la política. Había profetizado su caída imparable frente a los mercados, las multinacionales, los sindicatos, Internet. Se sostenía que en el mundo tal cual es hoy, con sus informaciones que se difunde instantáneamente, sus capitales que se desplazan cada vez más rápido y sus fronteras ampliamente abiertas, la política ya no jugaría más que un papel anecdótico y que ya no podría expresar una voluntad, porque el poder pronto estaría compartido, diluido, disperso en red; porque las fronteras estarían totalmente abiertas y los hombres, los capitales y las mercancías circularían sin obedecer a nadie. Pero la política retorna. Retorna por todas partes en el mundo. La caída del Muro de Berlín pareció anunciar el fin de la Historia y la disolución de la política en el mercado. Dieciocho años después, todo el mundo sabe que la Historia no ha terminado, que siempre es trágica y que la política no puede desaparecer porque los hombres de hoy sienten una necesidad de política, un deseo de política como rara vez se había visto desde el fin de la segunda guerra mundial. (...)La necesidad de política tiene por corolario la necesidad de nación. La nación también había sido condenada. Pero aquí está de nuevo, para responder a la necesidad de identidad frente a la mundialización, vivida como una empresa de uniformización y mercantilización del mundo en la que ya no quedaría lugar para la cultura y para los valores del espíritu. Quizá la inquietud es excesiva, pero es bien real y expresa una necesidad de identidad muy fuerte. Por todas partes la he encontrado en esta campaña; en todas partes me han hablado de ella gentes de toda condición. Pero la nación no es sólo la identidad. Es también la capacidad de estar juntos para protegerse y para actuar. Es el sentimiento de que no se está solo para afrontar un futuro angustioso y un mundo amenazante. Es el sentimiento de que, juntos, se es más fuerte, y podremos hacer frente a lo que, solos, no podríamos afrontar. (...)Yo he querido volver a poner la voluntad política y Francia en el corazón del debate político. La voluntad política y la nación están siempre para lo mejor y para lo peor. El pueblo que se moviliza, que se convierte en una fuerza colectiva, es una potencia temible que puede actuar tanto para lo mejor como para lo peor. Hagamos las cosas de manera que sea para lo mejor. Conjuraremos lo peor respetando a los franceses, manteniendo nuestros compromisos, respetando la palabra dada. Conjuraremos lo peor haciendo que la moral retorne a la política. (...)No me da miedo la palabra “moral”. Desde mayo de 1968 no se podía hablar de moral. Era una palabra que había desaparecido del vocabulario político. Hoy, por primera vez en decenios, la moral ha estado en el corazón de la campaña presidencial. Mayo del 68 nos había impuesto el relativismo intelectual y moral. Los herederos del 68 habían impuesto la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo. Habían querido hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos alumnos, que no había diferencias de valor y de mérito. Habían querido hacernos creer que la víctima cuenta menos que el delincuente, y que no puede existir ninguna jerarquía de valores. Habían proclamado que todo está permitido, que la autoridad había terminado, que las buenas maneras habían terminado, que el respeto había terminado, que ya no había nada que fuera grande, nada que fuera sagrado, nada admirable, y tampoco ya ninguna regla, ninguna norma, nada que estuviera prohibido.Recordad el eslogan de Mayo del 68 en las paredes de la Sorbona: “Vivir sin obligaciones y gozar sin trabas”. Así la herencia de Mayo del 68 ha liquidado a la escuela de Jules Ferry en la izquierda francesa, que era una escuela de la excelencia, del mérito, del respeto, del civismo; una escuela que quería ayudar a los niños a convertirse en adultos y no a seguir siendo niños grandes, una escuela que quería instruir y no infantilizar, porque había sido construida por grandes republicanos que tenían la convicción de que el ignorante no es libre. Pero la herencia de Mayo del 68 ha liquidado esa escuela que transmitía una cultura común y una moral compartida, cultura y moral gracias a las que todos los franceses podían hablarse, comprenderse, vivir juntos. La herencia de Mayo del 68 ha introducido el cinismo en la sociedad y en la política. Han sido precisamente los valores de Mayo del 68 los que han promovido la deriva del capitalismo financiero, el culto del dinero-rey, del beneficio a corto plazo, de la especulación. El cuestionamiento de todas las referencias éticas y de todos los valores morales ha contribuido a debilitar la moral del capitalismo, ha preparado el terreno para el capitalismo sin escrúpulos y sin ética, para esas indemnizaciones millonarias de los grandes directivos, esos retiros blindados, esos abusos de ciertos empresarios, el triunfo del depredador sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador. (...)Los herederos de Mayo del 68 han degradado el nivel moral de la política. Todos esos políticos que reivindican la herencia de Mayo del 68, dan al prójimo lecciones que jamás se aplican a sí mismos, quieren imponer a los demás comportamientos, reglas, sacrificios que jamás se imponen a sí mismos. Proclaman: “Haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago”. Ésa es la izquierda heredera de Mayo del 68, la que está en la política, en los medios de comunicación, en la administración, en la economía. La izquierda que le ha tomado gusto al poder, a los privilegios. La izquierda que no ama a la nación porque no quiere compartir nada. Que no ama a la República porque no ama la igualdad. Que pretende defender los servicios públicos, pero que jamás veréis en un transporte colectivo. Que ama tanto la escuela pública, que a sus hijos los lleva a colegios privados. Que dice adorar la periferia, pero que se cuida muy mucho de vivir en ella. Que siempre encuentra excusas para los violentos, a condición de que se queden en esos barrios a los que ella, la izquierda, no va jamás. Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que se encierra en el clientelismo y el corporativismo. Que firma peticiones y manifiestos cuando se expulsa a algún “okupa”, pero que no aceptaría que se instalaran en su casa. Que dedica su tiempo a hacer moral para los demás, sin ser capaz de aplicársela a sí misma. Esa izquierda, en fin, que entre Jules Ferry y Mayo del 68 ha elegido Mayo del 68, es la que condena a Francia a un inmovilismo cuyas principales víctimas serán los trabajadores, los más modestos, los más pobres.Ésa es la izquierda que desde Mayo del 68 ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que ha dejado de hablar a los trabajadores, de sentirse concernida por la suerte de los trabajadores, de amar a los trabajadores; porque el valor trabajo ya no forma parte de sus valores, porque su ideología ya no es la de Jaurès o la de Blum, que respetaban a los trabajadores, sino que ahora la ideología de la izquierda es la del reparto obligatorio del trabajo, la de las 35 horas, la del asistencialismo. La crisis del trabajo es ante todo una crisis moral, y en ella la herencia de Mayo del 68 tiene una enorme responsabilidad. Yo quiero rehabilitar el trabajo, quiero devolver al trabajador el primer lugar en la sociedad. (...)
La herencia de Mayo del 68 ha debilitado la autoridad del Estado. Esos herederos de los que en Mayo del 68 gritaban “CRS = SS”, toman sistemáticamente partido por los violentos, los alborotadores y los estafadores contra la policía. Lo hemos visto tras los incidentes de la Estación del Norte. En lugar de condenar a los violentos y de apoyar a las fuerzas del orden y su difícil trabajo, no se les ha ocurrido nada mejor que esta frase, que merecería ser inscrita en los anales de la República: “Es inquietante constatar que se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud”. Como si los vándalos de la Estación del Norte representaran a toda la juventud francesa. Como si fuera la policía la que estaba actuando mal, y no los violentos. Como si los violentos hubieran destrozado todo y saqueado los comercios para expresar una revuelta contra una injusticia. Como si el hecho de ser jóvenes lo excusara todo. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente siempre inocente. Ésos son los herederos de Mayo del 68, que denigran la identidad nacional, que atizan el odio a la familia, a la sociedad, al Estado, a la nación, a la República.En estas elecciones se trata de saber si la herencia de Mayo del 68 debe ser perpetuada o si puede ser liquidada de una vez por todas. Yo quiero pasar la página de Mayo del 68. Pero tiene que ser más que un gesto. No hay que contentarse con poner banderas en los balcones el 14 de julio y cantar la Marsellesa en vez de la Internacional en los mítines del Partido Socialista. No se puede decir que se desea el orden y tomar sistemáticamente partido contra la policía. No es posible seguir denunciando la “provocación” y el “Estado policial” cada vez que la policía intenta hacer respetar la ley. No se puede decir que uno apuesta por el valor del trabajo y, al mismo tiempo, generalizar las 35 horas, seguir cargándolo con impuestos y estimular la mentalidad del asistido, del que cobra del Estado para no trabajar. No se puede decir que se desea obstaculizar las deslocalizaciones y al mismo tiempo rechazar cualquier experimentación del IVA social, que permite financiar la protección social con las importaciones. No es posible proclamar grandes principios y negarse a inscribirlos en la realidad. Yo propongo a los franceses romper realmente con el espíritu, con los comportamientos, con las ideas de Mayo del 68, con el cinismo de Mayo del 68. Propongo a los franceses devolver a la política la moral, la autoridad, el trabajo, la nación. Les propongo reconstruir un Estado que haga realmente su trabajo y que, en consecuencia, domine las feudalidades, los corporativismos y los intereses particulares. Les propongo rehacer una República una e indivisible contra todos los comunitarismos y todos los separatismos. Les propongo reedificar una nación que de nuevo esté orgullosa de sí misma. (...)Al poner sistemáticamente los derechos por encima de los deberes, los herederos de Mayo del 68 han debilitado la idea de ciudadanía. Al denigrar la ley, el Estado y la nación, los herederos de Mayo del 68 han favorecido el crecimiento del individualismo. Han incitado a cada cual a no pensar más que en sí mismo y a no sentirse concernido por los problemas del prójimo. Yo creo en la libertad individual, pero quiero compensar el individualismo con el civismo, con una ciudadanía hecha de derechos pero también de deberes. Quiero derechos nuevos, derechos reales y no virtuales. Quiero un derecho real a un techo, al alojamiento. Un derecho real al cuidado de los hijos, a la escolarización de niños con minusvalías, a la dependencia para los mayores. Quiero el derecho a un contrato de formación para los jóvenes de más de 18 años, y a la formación a lo lago de toda la vida. Quiero el derecho a la caución pública para aquellos que no tienen padres, para los que no tienen relaciones, para los enfermos a los que no se les quiere prestar porque se considera que representan un riesgo demasiado elevado. Quiero el derecho a un contrato de transición profesional para los que están en paro.Pero quiero que estos derechos estén equilibrados con los deberes. La ideología de Mayo del 68 habrá muerto cuando la sociedad se atreva a recordar a cada cual sus deberes, cuando en la política francesa se ose proclamar que, en la República, los deberes son la contrapartida de los derechos. Ese día al fin se habrá realizado la gran reforma moral e intelectual que Francia necesita una vez más. Entonces podremos reconstruir sobre cimientos renovados esa República fraternal que es el sueño siempre inacabado, nunca realizado de Francia desde el primer día en que tuvo conciencia de su existencia como nación. Porque Francia no es una raza, no es una etnia, ni sólo un territorio; Francia es un ideal incansablemente perseguido por un gran pueblo que, desde su primer día, cree en la fuerza de las ideas, en su capacidad para transformar el mundo y hacer la felicidad de la humanidad.Quiero decírselo a los franceses: el pleno empleo, el crecimiento, el aumento del poder adquisitivo, la revalorización del trabajo, la moralización del capitalismo, todo eso es necesario y es posible. Pero eso no son más que medios que deben ser puestos al servicio de una cierta idea del hombre, de un ideal de sociedad donde cada cual pueda encontrar su lugar, donde la dignidad de todos y cada uno sea reconocida y respetada.»
La herencia de Mayo del 68 ha debilitado la autoridad del Estado. Esos herederos de los que en Mayo del 68 gritaban “CRS = SS”, toman sistemáticamente partido por los violentos, los alborotadores y los estafadores contra la policía. Lo hemos visto tras los incidentes de la Estación del Norte. En lugar de condenar a los violentos y de apoyar a las fuerzas del orden y su difícil trabajo, no se les ha ocurrido nada mejor que esta frase, que merecería ser inscrita en los anales de la República: “Es inquietante constatar que se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud”. Como si los vándalos de la Estación del Norte representaran a toda la juventud francesa. Como si fuera la policía la que estaba actuando mal, y no los violentos. Como si los violentos hubieran destrozado todo y saqueado los comercios para expresar una revuelta contra una injusticia. Como si el hecho de ser jóvenes lo excusara todo. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente siempre inocente. Ésos son los herederos de Mayo del 68, que denigran la identidad nacional, que atizan el odio a la familia, a la sociedad, al Estado, a la nación, a la República.En estas elecciones se trata de saber si la herencia de Mayo del 68 debe ser perpetuada o si puede ser liquidada de una vez por todas. Yo quiero pasar la página de Mayo del 68. Pero tiene que ser más que un gesto. No hay que contentarse con poner banderas en los balcones el 14 de julio y cantar la Marsellesa en vez de la Internacional en los mítines del Partido Socialista. No se puede decir que se desea el orden y tomar sistemáticamente partido contra la policía. No es posible seguir denunciando la “provocación” y el “Estado policial” cada vez que la policía intenta hacer respetar la ley. No se puede decir que uno apuesta por el valor del trabajo y, al mismo tiempo, generalizar las 35 horas, seguir cargándolo con impuestos y estimular la mentalidad del asistido, del que cobra del Estado para no trabajar. No se puede decir que se desea obstaculizar las deslocalizaciones y al mismo tiempo rechazar cualquier experimentación del IVA social, que permite financiar la protección social con las importaciones. No es posible proclamar grandes principios y negarse a inscribirlos en la realidad. Yo propongo a los franceses romper realmente con el espíritu, con los comportamientos, con las ideas de Mayo del 68, con el cinismo de Mayo del 68. Propongo a los franceses devolver a la política la moral, la autoridad, el trabajo, la nación. Les propongo reconstruir un Estado que haga realmente su trabajo y que, en consecuencia, domine las feudalidades, los corporativismos y los intereses particulares. Les propongo rehacer una República una e indivisible contra todos los comunitarismos y todos los separatismos. Les propongo reedificar una nación que de nuevo esté orgullosa de sí misma. (...)Al poner sistemáticamente los derechos por encima de los deberes, los herederos de Mayo del 68 han debilitado la idea de ciudadanía. Al denigrar la ley, el Estado y la nación, los herederos de Mayo del 68 han favorecido el crecimiento del individualismo. Han incitado a cada cual a no pensar más que en sí mismo y a no sentirse concernido por los problemas del prójimo. Yo creo en la libertad individual, pero quiero compensar el individualismo con el civismo, con una ciudadanía hecha de derechos pero también de deberes. Quiero derechos nuevos, derechos reales y no virtuales. Quiero un derecho real a un techo, al alojamiento. Un derecho real al cuidado de los hijos, a la escolarización de niños con minusvalías, a la dependencia para los mayores. Quiero el derecho a un contrato de formación para los jóvenes de más de 18 años, y a la formación a lo lago de toda la vida. Quiero el derecho a la caución pública para aquellos que no tienen padres, para los que no tienen relaciones, para los enfermos a los que no se les quiere prestar porque se considera que representan un riesgo demasiado elevado. Quiero el derecho a un contrato de transición profesional para los que están en paro.Pero quiero que estos derechos estén equilibrados con los deberes. La ideología de Mayo del 68 habrá muerto cuando la sociedad se atreva a recordar a cada cual sus deberes, cuando en la política francesa se ose proclamar que, en la República, los deberes son la contrapartida de los derechos. Ese día al fin se habrá realizado la gran reforma moral e intelectual que Francia necesita una vez más. Entonces podremos reconstruir sobre cimientos renovados esa República fraternal que es el sueño siempre inacabado, nunca realizado de Francia desde el primer día en que tuvo conciencia de su existencia como nación. Porque Francia no es una raza, no es una etnia, ni sólo un territorio; Francia es un ideal incansablemente perseguido por un gran pueblo que, desde su primer día, cree en la fuerza de las ideas, en su capacidad para transformar el mundo y hacer la felicidad de la humanidad.Quiero decírselo a los franceses: el pleno empleo, el crecimiento, el aumento del poder adquisitivo, la revalorización del trabajo, la moralización del capitalismo, todo eso es necesario y es posible. Pero eso no son más que medios que deben ser puestos al servicio de una cierta idea del hombre, de un ideal de sociedad donde cada cual pueda encontrar su lugar, donde la dignidad de todos y cada uno sea reconocida y respetada.»
jueves, 17 de mayo de 2007
El ocaso de la élite política
Si bien el fracaso del Transantiago da cuenta de la ineptitud de un Poder Ejecutivo carente de agenda y liderazgo, el problema de fondo no sólo radica en las actuales autoridades de gobierno o en el agotamiento de la coalición oficialista. Tampoco se debe a la actitud contestataria de la oposición frente al estado actual de las cosas, sino que la razón está enclavada en un proceso más profundo e intenso: el ocaso de una élite política raida y desvencijada que en 2010 –cuando se celebre el bicentenario de Chile- cumplirá cuatro décadas como protagonista del sistema político y los destinos de la nación.
Es esa misma élite cuya carga genética está cruzada por tres procesos históricos que forman parte de un pasado obsoleto: el quiebre institucional del 73, el proceso de transición y la demoscracia de los acuerdos.
Es esa misma élite que ya no tiene nada nuevo que ofrecerle al país en términos sociales, políticos y económicos; que en la última década desde sus distintas posiciones en el espectro político, se ha dedicado a administrar un modelo económico que ha sido insuficiente en terminar con las desigualdades que presenta el país en diversos ámbitos.
Pero el problema se agrava aún más si se observa el nivel de debilitamiento que presenta el sistema de partidos políticos, cuya fragilidad institucional ha sido incapaz de preparar y generar liderazgos nuevos que reemplacen a la tetrapléjica élite actual y el ejemplo más claro es el fracaso del modelo de gobierno que intentó instaurar Michelle Bachelet.
La solución no pasa sólo por una alternancia en el poder sino que una alternancia generacional de la dirigencia política como ha ocurrido en algunos países europeos, pero que acá parece estar muy lejana.
Es esa misma élite cuya carga genética está cruzada por tres procesos históricos que forman parte de un pasado obsoleto: el quiebre institucional del 73, el proceso de transición y la demoscracia de los acuerdos.
Es esa misma élite que ya no tiene nada nuevo que ofrecerle al país en términos sociales, políticos y económicos; que en la última década desde sus distintas posiciones en el espectro político, se ha dedicado a administrar un modelo económico que ha sido insuficiente en terminar con las desigualdades que presenta el país en diversos ámbitos.
Pero el problema se agrava aún más si se observa el nivel de debilitamiento que presenta el sistema de partidos políticos, cuya fragilidad institucional ha sido incapaz de preparar y generar liderazgos nuevos que reemplacen a la tetrapléjica élite actual y el ejemplo más claro es el fracaso del modelo de gobierno que intentó instaurar Michelle Bachelet.
La solución no pasa sólo por una alternancia en el poder sino que una alternancia generacional de la dirigencia política como ha ocurrido en algunos países europeos, pero que acá parece estar muy lejana.
miércoles, 25 de abril de 2007
¿Quién es Sebastián Piñera?
Es entendible que todo dirigente que tenga aspiraciones presidenciales deba morigerar su discurso y maquillar sus debilidades, pero lo obrado hasta ahora por el candidato de RN es a todas luces impúdico.
En una entrevista a un vespertino la semana pasada, luego que fracasara el proyecto de depreciación acelerada, indicó que “a veces los empresarios se sienten dando instrucciones y ésta fue una buena lección para ellos” como si él fuese un simple asalariado u oficinista y no uno de los hombres más ricos del país.
A reglón seguido, en un foro organizado por una casa de estudios a comienzos de esta semana señaló que “los políticos se encuentran por debajo de las prostitutas en la escala de aceptación social” desconociendo sus décadas de trayectoria como dirigente político.
Ante estas incongruencias cabe preguntarse entonces ¿Quién es realmente Sebastián Piñera? Si uno de los candidatos de la Alianza por Chile o el dirigente que cada vez que puede remarca sus orígenes concertacionistas y su cercanía con la DC; si el hombre democrático que asegura haber votado por el No o el gran empresario que amasó parte importante de su fortuna en el Régimen Militar, al que después desconoció y miró con desdén.
Esas son las incongruencias que hacen que muchas personas del mismo sector político que el ex senador dice representar no están dispuestas a entregarle su voto en caso que sea él quien lidere a la oposición el 2009. Su desafío entonces no está sólo en capitalizar el descontento del electorado que ha sufragado tradicionalmente por la Concertación, sino que dinamitar las desconfianzas que genera en muchas personas cercanas a la Alianza.
Carlos Cuadrado S.
Grupo Vértice
En una entrevista a un vespertino la semana pasada, luego que fracasara el proyecto de depreciación acelerada, indicó que “a veces los empresarios se sienten dando instrucciones y ésta fue una buena lección para ellos” como si él fuese un simple asalariado u oficinista y no uno de los hombres más ricos del país.
A reglón seguido, en un foro organizado por una casa de estudios a comienzos de esta semana señaló que “los políticos se encuentran por debajo de las prostitutas en la escala de aceptación social” desconociendo sus décadas de trayectoria como dirigente político.
Ante estas incongruencias cabe preguntarse entonces ¿Quién es realmente Sebastián Piñera? Si uno de los candidatos de la Alianza por Chile o el dirigente que cada vez que puede remarca sus orígenes concertacionistas y su cercanía con la DC; si el hombre democrático que asegura haber votado por el No o el gran empresario que amasó parte importante de su fortuna en el Régimen Militar, al que después desconoció y miró con desdén.
Esas son las incongruencias que hacen que muchas personas del mismo sector político que el ex senador dice representar no están dispuestas a entregarle su voto en caso que sea él quien lidere a la oposición el 2009. Su desafío entonces no está sólo en capitalizar el descontento del electorado que ha sufragado tradicionalmente por la Concertación, sino que dinamitar las desconfianzas que genera en muchas personas cercanas a la Alianza.
Carlos Cuadrado S.
Grupo Vértice
lunes, 9 de abril de 2007
Al costado del camino
Me gusta estar al lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa
Me gusta abrir los ojos y estar vivo
Tener que vérmelas con la resaca
entonces navegar se hace preciso
en barcos que se estrellen en la nada
Vivir atormentado de sentido,
creo que esta, sí,esta es la parte mas pesada
En tiempos donde nadie escucha a nadie
En tiempos donde todos contra todos
En tiempos egoístas y mezquinos
En tiempos donde siempre estamos solos
Habrá que declararse incompetente en todas las materias del mercado
Habrá que declararse un inocente o habrá que ser abyecto y desalmado
Yo ya no pertenezco a ningún ismo
me considero vivo y enterrado
Yo puse las canciones en tu walkman
el tiempo a mi me puso en otro lado
Tendré que hacer lo que es y no debido
Tendré que hacer el bien y hacer el daño
No olvides que el perdón es lo divino
Y errar a veces suele ser humano
No es bueno nunca hacerse de enemigos
que no estén a la altura del conflicto
Que piensan que hacen una guerra y se hacen pis en la cama como chicos
Que rondan por siniestros ministerios
haciendo la parodia del artista
Que todo lo que brilla en este mundo
tan solo les da caspa y les da envidia
Yo era un pibe triste y encantado
de Beatles, Caña legui y maravillas
los libros, las canciones y los pianos,el cine, las traiciones,
los enigmas, mi padre, las cervezas, las pastillas, los misterios, el whisky malo,
los óleos, el amor los escenarios
el hambre, el frío, el crímen, el dinero y mis 10 tías me hicieron este hombre enreverado
si alguna vez me cruzas por la calle
regalame tu beso y no te aflijas
Si ves que estoy pensando en otra cosa
no es nada malo es que paso una brisa
la brisa de la Muerte enamorada
que ronda como un ángel asesino
Mas no te asustes siempre se me pasa
es solo la intuición de mi destino
Me gusta estar al lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa
Me gusta regresarme del olvido
para acordarme en sueños de mi casa
El chico que jugaba a la pelota,del 49585
nadie nos prometio un jardín de rosas
hablamos del peligro de estar vivos
No vine a divertir a tu familia
mientras el mundo se cae a pedazos
Me gusta estar al lado del camino
Me gusta sentirte a mi lado
Me gusta estar al lado del camino
Dormirte cada noche entre mis brazos
Al lado del camino
Al lado del camino
Al lado del camino
Es mas entretenido y mas barato
Al lado del camino
Al lado del camino
Fito Páez
martes, 3 de abril de 2007
Transantiago y políticas públicas
Una de las claves para poder entender el fracaso del diseño y posterior implementación del Transantiago radica en los criterios con que se elaboran las políticas públicas en Chile y en cómo la toma de decisiones está transversalmente cruzada por factores políticos.
El debate ha sido intenso en este sentido y el ala progresista de la Concertación argumenta que se debe a la excesiva tecnocratización del Estado, donde estarían primando racionalidades extremadamente técnicas a la hora de definir las prioridades, sin tener en consideración las necesidades ni los costos sociales de las políticas que se implementan.
No obstante, la experiencia demuestra todo lo contrario. En Chile, las políticas públicas tienen un fuerte tinte partidista, donde las decisiones, plazos y tiempos se adoptan de acuerdo al rendimiento electoral que ello pueda brindar más que a las urgencias sociales que se deben resolver. Es así como el mismo subsecretario de transporte dio luces sobre esta materia hace algunos días en los medios de comunicación.
Para muestra de un botón, en el mes de mayo el Gobierno hará entrega al Cuerpo de Bomberos de la Región Metropolitana de una partida de 20 carros avaluados aproximadamente en $200 millones cada uno, pero la designación de su destino no será tomada por la institución, sino que cada carro ya tiene asignado a que comuna irá, beneficiando en su gran mayoría a zonas donde existen alcaldes oficialistas, siendo que algunas de ellas cuentan con carros adquiridos hace muy poco y dejando sin flota renovada a otras compañías que si lo requieren con urgencia.
Con estos criterios, está claro por qué Chile no logra dar un paso sustantivo al desarrollo.
Carlos Cuadrado S.
Grupo Vértice
Carlos Cuadrado S.
Grupo Vértice
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
